Lapsus de la memoria
A medida que los años pasan, decrece el número de seres con quienes puede uno entenderse. Emil Cioran
Inmersos en otros tipos de dinámica, transitamos entre la rutina y la nostalgia, perdiendo en el camino todo tipo de fortalezas, y nos volvemos vulnerables ante una minoría rapaz, sin una cultura de esfuerzos, sin matices estamos ante lo inevitable, el caos que se avecina, no hay equilibrios, menos aún reflexiones con sentido de responsabilidad para enmendar planas enteras de autoritarismo.
La amenaza está cada vez más latente, cercana al aterrizaje forzoso, porque no hay poder humano que les cambie la prisa, en ese sortilegio de escenarios alternos, donde falta el recurso económico, y lo cómodo es incrementar o reinventar impuestos al consumidor final, al contribuyente cautivo, al vendedor ambulante que es extorsionado siempre.
Al final de cuentas no es la derecha impositiva ni la izquierda absurda, somos un país que vive de la esperanza cada dos años y medio, y se le niega el derecho a la felicidad duradera, ahí donde la memoria teje sus propósitos, sus retos y también sus ambigüedades, el delirio no es parte del viaje, en esos virajes del discurso y la protección de los excesos.
Hoy no sabemos, porque desconocemos las políticas de recaudación de impuestos, en esa transparencia que nunca hemos tenido, pero que ahora está más alejada de sentirse, en las percepciones de lo que hemos dejado ir, instituciones que quizá maquillaban cifras, porque antes no se impedía preguntar y obtener respuestas, o ampliaciones de tiempos, esos que sí llegaban a brindarnos datos y certidumbre.
Podríamos escribir y describir lo que no deseamos, de los imponderables para acceder a mejores momentos, por los años que han transcurrido perdidos en la necedad de ganar sin las razones suficientes, pero con el desempeño raquítico de los de siempre, rémoras, parásitos desde el poder y la lujuria.
Distantes de la sabiduría de un Gabriel García Márquez y su realismo mágico o la poesía excelsa de Benedetti, deambulamos entre sombras, con distractores en el absurdo, ahí donde concurren más treguas que caminos por transitar, con egoísmo y sobre todo egocentrismo de aquellos pocos, sin una economía estable, con precios que impiden dar tranquilidad a los millones de mexicanos en lo escaso de casi todo.
Lapsus, nos dejó en la memoria desde hace muchos años, de alquilarse para soñar despiertos, porque también se fueron Octavio Paz y Siqueiros, y los políticos como si nada sucediera, con piezas sustraídas de museos, intentando reescribir una historia de luchas que se han ido quedando en el ostracismo, sin civismo ni respeto a las inteligencias del México que dejamos ir y el de su futuro.
Sin conocimiento de las causas de lo que perdimos, la receta es incrementar lo que pagamos los cautivos, los menos por supuesto, para alimentar a cuenta gotas la pobreza, la desnutrición, el abandono y hasta la risa de quien se atreve a apostar en casinos con nuestros impuestos, y nada sucede.
Por eso no se trata de izquierda o de derecha, sino de perderse en los tiempos de una democracia imperfecta, que intenta copiar del poderoso lo impensado y del principiante del socialismo un modelo que hace muchos años dejo de servir para hacer revoluciones.
Basta de precariedad, de consentir a quien se equivoca, de enviar mensajes cifrados por renuncias inevitables y acudir al sepelio de lo imposible, cuando tenemos ante nosotros generaciones de jóvenes en la inteligencia de modificar el modelo de país que ha caducado hace un buen tiempo.
ENTRE LÍNEAS
Y mientras la economía campechana sigue en caída libre, la disputa por los reflectores de Layda Sansores y su séquito, se centran en concursos donde también se margina a la capital, ese Campeche de concurrencia de baches, a oscuras y con un tren ligero que nadie ocupa para sus traslados. En ese anaranjado tabasqueño tan lejos de nuestra realidad.
source https://www.eleconomista.com.mx/opinion/lapsus-memoria-20261028-840919.html

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